“Estaba en un pozo depresivo”. Estuvo 4 meses alejada en un albergue por violencia de género, hasta que encontró el camino para resignificar el dolor

“Fueron meses algo duros, me choqué con muchas realidades distintas, clases sociales, etnias, creencias y vivencias que me hicieron más consciente también de mí misma, de lo afortunada que era al tener mi identidad. Algunas de mis compañeras eran analfabetas, estaban invisibilizadas por el sistema. Ahí agradecí por haber tenido mi educación y algo también se movió en mí. Sentí que también el trabajo social era algo que me hacía feliz”.

A raíz de sufrir violencia de género, Rut Gómez (20) permaneció cuatro meses en un albergue alejada de su familia y de aquel episodio del que no quiere entrar en detalle. “Estaba en un pequeño pozo depresivo, sentía un dolor infinito, mucha tristeza y angustia, llegando a un nivel difícil de soportar. Tenía muchas emociones corriendo por mi cuerpo y por mi mente, no sabía para donde encarar ya que primero tenía que sanarme de todo esto y recién ahí iba a poder ver con claridad qué quería hacer. De todos modos, sabía y sentía que esto que estaba pasando iba a ser un antes y un después en mi vida”, confiesa.

La música, ese aliado incondicional

Antes de esa situación que marcaría un quiebre en su vida, Rut tenía una vida “normal” en la que iba a la escuela, tenía su grupo de amigas y por la tarde asistía a la escuela de música provincial de Santa Fe. “Siempre estuve algo conectada por mis viejos gracias a todas las diferentes músicas que escuchaba en mi casa mientras jugaba o veía la tele y eso me sirvió para tener un panorama de lo rica y variada que es la cultura musical en el mundo. También cabe destacar que mis viejos siempre tuvieron el sueño de que yo tocara a servicio de la iglesia a la que asistíamos y gracias a ese sueño prematuro tuve la oportunidad de entrar a tiempo y formarme completamente en el arte musical. Les agradezco también porque me abrieron una puerta para ver que el arte, en todas sus expresiones, es mi pasión”.

Durante esos días de tristeza y de reflexión Rut aprovechó, entre otras cosas, para componer algunas letras de canciones, actividad que venía realizando desde que era una niña. Pero en ese momento su creatividad musical también le sirvió para resignificar todo lo que le había sucedido en los últimos tiempos. “Me gusta inspirarme en historias de vida, experiencias que fui conociendo y me ayudaron a tener un panorama del mundo en el que vivimos. Aunque también soy de la composición musical, de pensar la forma, el color y tocar los instrumentos”.

“El arte siempre me ayudó a salir adelante”

Mientras permaneció ese tiempo en el albergue, Rut le dedicaba entre tres y cinco horas diarias a la escritura incentivada por la inspiración que golpeaba su puerta para darle pie a la concentración para que las ideas fluyeran libremente.

“Me sentía como si estuviese pintando un cuadro, dibujando algo que me salía directamente del corazón, un acto puramente artístico. El arte siempre me ayudó a salir adelante, siempre lo pude ver como una manera de expresión del ser y al cantar, al escribir, al participar activamente podía liberar también todas esas ideas y darle forma a todo lo que me hizo ser quien soy hoy. Emociones, experiencias, sentimientos, un acto de libertad que me daba mucha paz”.

El surgimiento de su banda

En esos cuatro meses Rut comenzó a imaginar en poder formar un grupo musical y de esa forma fue que pudo compartirla con el otro integrante de la banda. De esa forma, a principios de 2020, surgió Loba de Río.

“No bien pude, me puse a trabajar de empleada doméstica para salir del albergue y tener mi propio espacio, trabajaba duro todos los días limpiando baños y cocinas, pero era feliz, porque estábamos emprendiendo un proyecto precioso. Con la banda hacíamos una fusión de música electrónica y músicas latinoamericanas/folklóricas. Abarcábamos, también, músicas latinoamericanas porque yo creo activamente que más que Argentina siempre tuve presente mi identidad latinoamericana. Las historias que tengo por mis ancestros mocovíes son mi motor e inspiración para iluminar mis raíces con amor y respeto”.

Su relación con el público

Rut cuenta que con la banda se presentaron a todos los subsidios, becas y apoyos nacionales y provinciales que pudieron. Con el dinero que recibieron lograron tener el capital para materializar una de las ideas que más le interesaban en lo personal: realizar mini-documentales en dónde contaba las historias de mujeres que hicieron historia, enfrentándose a diferentes contextos sociales y culturales.

Los primeros conciertos fueron en un espacio cultural en una localidad de la provincia de Santa Fe hasta llegar al evento más grande: un importante recital de bandas locales. “Sí bien tenía un poco de nervios y algo de pánico escénico, me concentraba y ahí es cuando podía encarnar toda esa emoción y esa energía femenina que caracterizaba a la banda. Y cuando la encaraba me sentía con un brillo interior y una magia que también era un acto de liberación artística y expresión. El ida y vuelta con el público era algo hermoso. Lo veía después de sus devoluciones al final de los conciertos o de las tocadas, me emocionaba ser también una inspiración para todas esas mujeres que se encontraban ahí, que también eran artistas como yo”.

Cambio de vida

Por cuestiones personales desde enero de 2022 Rut ya no forma más parte de la banda, pero, dice, sigue compartiendo arte e historias que la movilizan. “Mi vida sigue siendo puramente hermosa, llena de paz, lindas personas que voy cruzando, viviendo nuevas experiencias. Me encuentro cerca de la naturaleza, sintiendo a mis ancestros, compartiendo saberes y emociones que mueven”.

Rut está viviendo en Capilla del Monte (Córdoba) y se dedica a la artesanía. Trabaja con manualidades, hace ungüentos, sahumerios a base de hierbas naturales. Además, aprende de la permacultura, la fitoterapia y la medicina natural autóctona. “Vivo a pasos de una pequeña cordillera de montañas, el cerro “Uritorco” y cerro “Las Gemelas”, cerca del río, de la flora y fauna del lugar y me encanta. Es un pequeño sitio que está lleno de magia y de personas increíbles y muy amorosas”.

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